miércoles, 4 de noviembre de 2009

ABARAJAME ESTA BANDA NENA

Por Claudio Sebastian Pronesti
La escena es la siguiente: son las siete de la mañana, estoy en la puerta del colegio secundario y faltan apenas minutos para entrar a otra dura jornada de segundo año en el “Remedios de Escalada de San Martín” del barrio de Flores. Mi amigo Paulo llega con sus auriculares puestos y mientras pega saltos – sí, eso no era caminar gente, eran saltos – alcanzo a escuchar algo de lo que viene murmurando, inentendible, raro, pero sin dudas lo suficientemente excéntrico como para llamar mi atención.

“Abarajame en la bañera, abarajame en la bañera”, ¿lo que?, “te digo y te repito, conmigo no te metas, mi click está creciendo alrededor del planeta, abarajame en la bañera, abarajame en la bañera nena”. Ah no no, este pibe se dio vuelta o está siendo víctima de una posesión no digo demoníaca, pero por ahí anda.


“Es Ilya Kuryaki & The Valderramas”, responde a mi pregunta sobre quienes eran esos que desde su walkman hacían agudizar mi oído más de lo normal, y sin darme cuenta, desde ese momento fui uno más de la tribu que daba saltos por la calle y movía sus manos como repartiendo cartas en el aire. CHACO (1995), tercer álbum de la banda integrada por Dante Spinetta (voz y guitarra) y Emmanuel Horvilleur, fue el punto de quiebre para este dúo de soul, funk, música alternativa o rock fusión (recibieron todas esas denominaciones) que durante la primera mitad de los noventas se animó a innovar a través de una estética particular, tan ajena al típico rocker argentino.

VERSUS (1997) trajo nuevas letras y un sonido más pop que la placa anterior, y canciones como “Jugo”, “Expedición al Klama Hama” o “Discovery Buda” no tardaron mucho en copar los ranking de las principales radios. Atrás habían quedado los poco difundidos FABRICO CUERO (1991), y HORNO PARA CALENTAR LOS MARES (1993), aunque de “FABRICIO…” el tiempo se encargó de rescatar otro hit, “Es tuya Juan”.

Dos años después, LECHE (1999) fue quizás su último trabajo en estudio que supo mantener la impronta de aquellos chicos que a comienzos de la década abarajaban sus manos y hacían saltar gente por las calles a las siete de la mañana. “Latin Geisha”, primer corte de difusión de la placa, marcó el último eslabón en la cadena de rock y raros peinados nuevos que los Kuryaki había impuesto años atrás.

Antes de la separación del grupo tras 11 años juntos, hubo un disco más: KURYAKISTAN (2001), con algunas reversiones de los mejores temas. Tiempo después, Emmanuel Hourviller logró imponerse como solista inclinándose por el pop, mientras que Dante Spinetta sigue en la rama experimental, aunque mechando algunas participaciones en discos de otros artistas, tal como lo hizo con Julieta Venegas.

La escena es la siguiente: es 1995 otra vez, son las 14 horas de un día cualquiera, y mientras mi amigo se va saltando con su walkman puesto, yo encaró hacia el Musimundo más cercano y adquiero - por una módica suma – mi primer disco de los Kuryaki. Ya nadie podrá decir que no sé mover mis brazos.

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